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Santa Lucía: celebración sueca

Se acerca el 13 de diciembre, fecha en que suecos y escandinavos celebran “Santa Lucía”, una fiesta con la que se da inicio a la temporada navideña y donde se recuerda a una mártir siciliana de nombre Lucía (la que porta luz), que murió en manos de un cruel y despechado hombre.

La leyenda cuenta que la enferma madre de Lucía ofreció a su hija en matrimonio a un joven pagano y que ella para evitar esa unión le propuso a su madre que si lograba hacerla sanar se vería libre del compromiso. La madre aceptó y Lucía la llevó a rezar a una tumba; después de poco tiempo se curó y la joven renunció a ese matrimonio horrible del que no quería formar parte. El joven pagano enfurecido por no poderse casar con ella la acusó de brujería y la pobre chica fue torturada y quemada en una hoguera, donde además se le sacaron los ojos, a pesar de todo Lucía no murió, así que terminaron por decapitarla.

Actualmente Santa Lucía es considerada santa patrona de los ciegos y tanto las iglesias católicas, como ortodoxas y luteranas la celebran los 13 de diciembre porque según el calendario juliano que se utilizó en Suecia hasta 1753, este día corresponde a la navidad y la noche más larga del año.

La tradición inició especificamente en la zona de Värmland donde se dice que una pequeña niña con velas encendidas en el cabello se apareció en un pueblo hambriento, para reglar cestas llenas de pan.

La procesión y fiesta:

En la fiesta se realiza una procesión donde una chica representa a Lucía, varias jóvenes la acompañan como damas de honor, así chicos estrella (en sueco: stjärngossar) y niños disfrazados de duendes. El recorrido llena de luz y cantos las calles de las ciudades suecas, escuelas, iglesias, lugares de trabajo e incluso hospitales.

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La chica que representa a Lucía se pone en la cabeza una corona con velas encendidas cuidadosamente engarzadas y se viste con una túnica larga y blanca que simboliza la pureza e inocencia, mientras que en el área de la cintura se utiliza un fajín rojo que representa la sangre del martirio. Las damas de honor se visten igual pero en lugar de llevar una corona con velas, llevan en sus manos una velita encendida.

A lo largo de la procesión, tanto las damas, como los chicos estrella y los duendecillos llevan consigo  deliciosos lussejkatter que son unos panes de harina de trigo condimentados con azafrán en forma de espiral y decorados con pasas, así como galletas de jengibre para repartir a los presentes.

En esta celebración también se bebe el inigualable glögg, el vino caliente sueco especiado que se compone de : vino tinto o vodka,azucar, naranja y especias (canela, cardamomo, jengibre, clavo, almendras y pasas).

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